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ACTIVIDADES: CALZADO Y CURTIEMBRES

 

Curtiembre Miguel Etchepare - Santiago

 

Si casi todos estos pioneros fueron vascos, como los Vivent, Ropert, Salvador Caussade, Luis Dagorret, Félix Halçartegaray, Beltrán Ilharreborde, entre otros, fue porque había un conocimiento originado varios siglos antes, en talleres medievales.

 

Las industrias de curtiduría y fabricación de calzado tuvieron en Chile un gran desarrollo, debido a las excelencias de materias primas existentes en el país. La curtiduría fue una especialidad vasca por excelencia. Desde los años 1880 hay en el país, de Norte a Sur, unos cincuenta establecimientos franceses.

 

En 1893 existen en Santiago los siguientes industriales:

 

Fabricantes de zapatos; Jean-Michel Etchepare en Sama 47; Lacassie y Cía. en Bascuñán Guerrero 45; Martin Saint-Jean en Rosas 63.

Proveedores para calzado: Martin Saint-Jean y Saint-Macary en Puente 9-B.

Cordonería y botería: Urrutiaguer en Estado 23;

Curtidores: J.B. Duhart en Bascuñán Guerrero 49; Alfred Elissegaray en San Diego 153; Jean-Michel Etchepare en Amunátegui 5; Lacassie y Cía; Martial Recart en Manuel Montt 8 y Martin Saint-Jean.

 

El Guide de la Colonie de 1904 es elocuente: Jean-Michel Etchepare era propietario de la Curtiembre Mapocho con especialización en correas de toda clase y dimensiones, manufactura de calzado, proveedor de accesorios en calle Amunátegui 914 y Sama 1573 en Santiago.

 

En 1879 prestó la fábrica los más importantes servicios al ejército, en el equipo destinado a la guerra contra el Perú y Bolivia.

 

El importante establecimiento de Tiffou en La Serena fue continuado en 1861 por la firma Duhart y Dolhatz y conocida como la Curtiembre Francesa. Fueron sus fundadores Jean Dominique (Alfred) Dolhatz, nacido el 04-02-1840 en Bayonne, domiciliado en rue Espagne Nº52 de Bayonne. Casado el 15-11-1865 en Bayonne con Jenny Noélie Siné, nacida el 24-12-1848 en Bayonne. Fue asociado a Martin Duhart.

 

El Sr. Dolhatz tenía un espíritu cultivado. Fue más político que curtidor. Por largos años fue administrador del hospital de La Serena. Su esposa era un gran músico, cantante y pianista. En 1904 el Sr. Dolhatz regresó a Bayonne.

 

Posteriormente en 1904 la firma cambia a Duhart y Etcheverry con venta de artículos para zapateros y talabarteros.

 

De igual forma figuran en la  Guide de la Colonie: La fábrica de zapatos y “Casa Francesa” de Jean Baptiste Etchevers en Talca; Alexandre Etcheverry con talabartería, marroquinería, fábrica de arneses y artículos para calzado en Concepción; Michel Etchegoyen con la Curtiembre Francesa en Avenida Independencia Nº608-614 en Santiago; Pierre Etcheverry con cordonería, casa fundada en 1897 especialista en calzado en La Serena; Manufactura de calzado Fagalde Hnos., en Valparaíso.

 

Hiriart y Gracy”, casa de novedades y tienda de calzado hechos a medida en Temuco;  “François Lataste”, casa fundada en 1890 con importación de Europa de artículos para varones, damas y niños con venta de sombreros, calzado a medida en Temuco; Jules Latsague poseía una curtiembre y talabartería en Los Angeles; Saint-Jean y Salaberry dueños de la Curtiembre Francesa y cueros para la exportación en Talca.

 

Martín Broussain viene en 1884, comienza en “Duhart y Dolhatz” -fábrica de coterráneos de La Serena-, y luego se independiza en Ovalle, donde llegará a ser personaje social y filantrópico..

 

A La Serena llega Marcelo Cazebonne, que compra a “Duhart y Dolhatz” la curtiembre y se radica ahí, formando familia local; Pedro Rachet Haitzaguerre y Ciriaco Badiola crearon la Curtiembre dos Pinos.

 

Muy longeva ha sido la de Luis Dagorret, oriundo de Saint-Jean-Pied-de-Port, quien llega en 1892; su Curtiembre Francesa en Avenida Bascuñán Guerrero, que trabajaba suelas, cueros y charoles, alcanzó un alto nivel luego de que su propietario estuviera dos años en Estados Unidos conociendo las últimas novedades técnicas; de allá llegó, tal como les pasaba a los que venían de Argentina, envidioso de la materia prima.  En Chile, a punta de espuelas y picanas, rasmillados los animales en los alambres de púas, se podía aprovechar mucho menos el cuero, que en esos países de cercas de madera y menos golpes.  Dueño de una gran fortuna con el tiempo, Dagorret fue miembro muy colaborador de varias instituciones de beneficencia.

 

También fue muy importante la fábrica de los Choribit en Chillán, que se promocionaba como “la más grande y más antigua del sur de Chile”. Cerca de la capital también fue de producción relevante la de Martín Etchegoyen, en Melipilla.

 

Entre las curtiembres del sur están la de Juan Olhagaray en Nancagua y la de Juan Etchegaray; éste, llegado en 1908, luego de hacer sus años de aprendizaje y noviciado donde “Ayçaguer y Duhalde” logró independizarse al instalar una empresa de este rubro en Curicó.

 

Domingo Iriart y Juan Darrigol establecieron otra en Concepción, que luego ingresaría además a la fabricación de calzado. Miranda y Riffo señalan que “otra gran industria en el mismo ramo (curtiduría) fue aquella fundada por los señores Domingo Iriart y Juan Darrigol con fecha 29 de noviembre de 1922, constatable en los Registros de Notario de Concepción. El giro sería la explotación del ramo de curtiduría y fábrica de calzado, con un capital de $800.000 equivalentes a 21.521 Libras Esterlinas, de ese mismo año. Este capital fue aportado en partes iguales, y la sociedad se manejó bajo la razón social de “Iriart y Darrigol”, la cual por el aporte tecnológico y los altos volúmenes de producción se elevó sobre el resto de los establecimientos similares, en el período de la tercera década del presente siglo (siglo XX). Esta sociedad tenía un rubro industrial anteriormente explotado, la sastrería”.

 

Otra importante firma dedicada a la curtiduría, fue la fundada por los hermanos Alejandro, Juan y Pedro Lacoste; quienes junto a Juan Leixelard y dos comanditarios residentes en Francia, fundan el 28 de diciembre de 1911 la sociedad “Lacoste Hnos. y Cía.”, dedicada al giro de curtiduría, grasería y jabonería, con un capital que excedía los $600.000 equivalentes a 26.599 libras esterlinas del año, llegó a tener sucursales en Santiago, lo que le permitió transformarse en otro importante establecimiento industrial no solo de carácter regional.

 

El resto de las curtidurías penquistas, que en ese momento estaban en manos de franceses, no logró alcanzar los niveles de producción y los niveles de capital, observables en las anteriores empresas, sin embargo, no por ello dejaron de constituir una importante fuente de empleo y producción de manufacturas. Dentro de esta situación se halla, por ejemplo, la sociedad “J. y B. Eyzaguirre”, formada por los hermanos Juan Sebastián y Bernardo Eyzaguirre”, fundada el 14 de octubre de 1912. “J. y B. Eyzaguirre” se dedicó a la suelería, compra y venta de cueros, con un capital cercano a los $70.000 equivalentes a 2.952 libras esterlinas”.

 

También en Curicó estuvo la de Mauricio Etcheverry. Luego estaban las fábricas de calzado o curtiembres de Domingo Iriart en Chillán; la de Tomás Elissonde en Angol y la de los Gorriateguy en Temuco.

 

Importante fue la curtiembre de los Amestoy en Talca -que atrajo a varios coterráneos de Bayonne-, y también la de Juan Bautista Hiriart en San Carlos, empresario que instaló la estación eléctrica de la zona.  En cada una había varios -a veces todos- empleados vascos.

 

Eran decenas, también, las tiendas generales y zapaterías de vascos repartidas a todo lo largo del país; en Freire, Pedro Duhart, llegado de Saint-Just-Ibarre -faldeos de los Pirineos-; en Los Angeles, venido de Saint-Jean-Pied-de-Port, Pascual Vignau Iribarne con la “Casa Francesa”; María Duralde, quien mantuvo muchos años la “Botería Francesa” en Los Angeles.

 

El comienzo de las industrias de calzado fue espectacular en las primeras décadas del siglo.  El salitre chileno todavía estaba en muy buen pie -no sufría el golpe provocado por el sintético y muy pronto las fábricas empezaron a enviar enormes cajones de 144 pares de bototos o “calamorros” rumbo a las calicheras del norte.

 

Europa estuvo en crisis hacia 1920, por la Primera Guerra Mundial.  Aquí, la aparición de Arturo Alessandri Palma, cuyos discursos incendiarios ante masas que parecían dispuestas al saqueo y la revolución despertaban fantasmas sobre el destino de la aristocracia rusa, desanimaba a eventuales inversionistas chilenos. La mayoría, por lo demás, todavía miraba el mundo industrial con recelo, pensando que Chile jamás podría competir con las importaciones. De Europa llegaban y siempre llegarían las máquinas, la ropa, los objetos de decoración, los libros, la música, los artículos domésticos.  Los europeos siempre iban a inventar nuevos productos, o Estados Unidos, y Chile podría dar las gracias si su agricultura o su minería le permitían comprarlos.

 

Los inmigrantes, vascos pero también suizos, alemanes, árabes, judíos, ingleses, apostaron al país y fundaron empresas que, al menos entre las dos Guerras Mundiales, fueron muy prósperas.  El problema era formar obreros cuando en Chile casi no los había y traer todo desde afuera -hasta los clavos y tornillos-; e ir sorteando las trabas de importaciones y trámites que, en un país burocrático, podían ser exasperantes.

 

Son tan numerosos los vascos del cuero y el calzado, que nombraremos sólo las empresas mayores, la gran industria, en la que se forjará el proceso chileno asociado a una red de importaciones de máquinas y repuestos, dificultades para encontrar técnicos y mandos medios, primeras experiencias en sindicatos -se forman los más poderosos en este rubro-, y valiosas iniciativas en construcción de viviendas para su personal.

© Patricio LEGARRAGA, Santiago de Chile. E-mail: patricio.legarraga@gmail.com. Registro Propiedad Intelectual 146.102.